La diversidad lingüística ha sido parte esencial de la identidad
cultural de Panamá. Nuestro país, conocido como el «Puente del mundo, corazón
del universo», siempre ha sido un punto de encuentro de culturas y lenguas que
moldearon nuestra forma de ver y entender el mundo. Desde las lenguas indígenas
hasta la influencia europea, la migración afroantillana y la llegada de los
trabajadores asiáticos que construyeron el canal, Panamá se convirtió en un
verdadero crisol de culturas.
Preservar esta diversidad ha
sido clave. Las lenguas no solo sirven para comunicarnos; son testimonio de
quiénes somos y de las historias que nos dieron forma. En nuestro país, lenguas
como el ngäbere, el kuna y el emberá forman parte de un valioso patrimonio
cultural que refleja la fuerza y el orgullo de las comunidades indígenas que
han mantenido vivas sus tradiciones.
La lengua afroantillana, llegada
con los trabajadores que participaron en la construcción del Canal, siguió
resonando especialmente en la provincia de Colón, ayudando a conservar la
riqueza cultural y los valores afrodescendientes que tanto aportan a nuestra
identidad.
La comunidad china, establecida
en Panamá desde mediados del siglo XIX, también dejó una huella profunda con
sus festividades, tradiciones y gastronomía, sumando nuevos matices a nuestra
diversidad cultural.
La Cumbre de Diversidad
Lingüística y Cultural fue una oportunidad única para reflexionar
sobre todo esto. Durante el encuentro, los panelistas compartieron ideas sobre
cómo enfrentar los retos de accesibilidad y preservación de las lenguas, y cómo
la tecnología puede ser una gran aliada en su revitalización.
En un mundo donde unas pocas
lenguas dominan la comunicación global, los participantes recordaron que la
diversidad lingüística enriquece nuestras sociedades, estimula la creatividad y
fortalece el entendimiento entre culturas. Panamá mostró que puede ser un
ejemplo de compromiso con la protección y el valor de esa riqueza.
Más allá de una política
cultural, este compromiso representa un acto de justicia social. Al apoyar y
proteger las lenguas y culturas minoritarias, garantizamos que todas las voces
sean escuchadas y todas las historias, reconocidas. La Cumbre marcó un paso
importante en esa dirección, resaltando que nuestra diversidad lingüística es,
sin duda, uno de los pilares más valiosos de nuestra identidad como nación.
Sigamos celebrando la riqueza de
nuestras lenguas y culturas, porque en ellas vive la esencia de Panamá.